Hay conversaciones en las que se nota que la persona del otro lado no llegó donde está por accidente y esta fue una de esas.
Natalia Arévalo es ingeniera industrial y lleva más de veinte años en la industria de medios. Pasó por Discovery durante 10 años, OLX, Canal 1, Google y TikTok, donde fue General Manager para la Región Andina. Hoy es gerente general de JCDecaux en Colombia, la compañía dueña de los mupis, vallas y mobiliario urbano publicitario que ves todos los días sin darte cuenta.
Cuenta que apareció en la lista Forbes de las 100 mujeres más poderosas y fue reconocida como Woman to Watch por P&M y, aunque no le gustan nada las cámaras, que aceptara sentarse a hacer este podcast es ya, en sí mismo, parte de la conversación.
Esto es lo que nos dejó.
Por qué el fracaso es no intentarlo
El error más común al hablar de fracaso es confundirlo con no llegar a la meta. Para Natalia el fracaso no es eso, es más bien no intentarlo.
Si lo intentaste y no salió como esperabas, eso no es fracaso, es aprendizaje. Siempre hay un 50 % de probabilidad de que salga y un 50 % de que no; si sale, maravilloso, si no sale, aprendiste que ese camino no era. Pero en cualquier escenario, intentarlo es la única forma de no fracasar.
El verdadero fracaso, dice ella, es quedarse quieto por miedo a lo que van a decir y de eso hay mucho en este país.
La mujer que se quebró financieramente y construyó todo otra vez desde cero
Hay un momento en la entrevista en la que cuento como quebré financieramente a los 28 años y duré casi diez más, pagándole al sector financiero. Al principio lo viví como un fracaso y hoy lo veo como uno de los aprendizajes más importantes de mi vida.
Esa es exactamente la curva que Natalia describe sobre su propia separación cuando su mamá le dijo que eso era un fracaso. Y ella se lo creyó por un buen tiempo, hasta que entendió en terapia que el verdadero fracaso habría sido quedarse.
La conclusión es la misma para los dos y es que lo que llamamos fracaso en el momento, casi siempre, con el tiempo se convierte en la cosa que más nos enseñó.
Los 3 consejos que Natalia Arévalo le da a cualquier mujer que quiera crecer profesionalmente
Cuando pregunto qué consejo le daría a una mujer joven que quiera llegar adonde ella llegó, Natalia no improvisa. Tiene tres cosas claras:
- Ahorrar. Sin cohibirse de la vida, pero ahorrar; porque la libertad de decidir cuándo y cómo retirarte depende de eso. Natalia, por ejemplo, tiene como meta retirarse entre los 48 y los 50 años y está trabajando concretamente para lograrlo.
- Creerse que uno es bueno. No de manera arrogante, sino de manera real. Si tú no crees que lo estás haciendo bien, nadie más lo va a creer por ti.
- Sacar la mejor versión de uno mismo. Que es distinto a hacerlo bien, es hacerlo mejor que tú mismo.
Y agrega un cuarto, que probablemente sea el más importante.
No tengan miedo. Porque la mujer, dice ella, siempre es más criticada por la misma acción que un hombre. Si un hombre alza la voz es un llamado de atención; pero si una mujer hace lo mismo, puede leerse como acoso o dramatistmo. Y ese filtro adicional hace que muchas mujeres no se atrevan.
Si tienes miedo, no llegas a nada.
La mente de ingeniera detrás de cada cargo
Algo que dice Natalia y que vale la pena recoger es que ella ha construido casi todos los negocios donde ha estado desde cero.
En Discovery, cuando llegó, no tenía oficina directa en Colombia. En OLX, le tocó montar la operación publicitaria para monetizar la plataforma. En Canal 1, le tocó sacar un canal nuevo. En Google, acompañó la transformación digital de clientes que aún no estaban digitalizados. En TikTok, le tocó abrir la región andina.
El único cargo donde llegó a algo ya estructurado fue JCDecaux la primera vez. ¿Su explicación? La mentalidad de ingeniera.
Tener un plan armado, con cada paso definido, con un Excel detrás. Ella dice con humor que hasta a su jardinero piscinero le pide un cuadrito de Excel para hacer seguimiento.
Esa estructura mental le ha permitido entrar a negocios completamente distintos y descomponerlos en pasos ejecutables. Es la diferencia, dice, entre tener objetivos y tener un plan para llegar a ellos.
Lo que nadie te cuenta de trabajar con una cultura corporativa china
Natalia describe la cultura corporativa de TikTok y por extensión la oriental, con una palabra “micromanagement”. Marcar tarjeta de entrada y salida, control de métricas extremo, cero paternalismo, cumplimiento literal de la legislación sin matices.
La describe en contraste con la cultura occidental, que ella define como más relajada, más cálida, con más espacio para el “punto suspensivo”.
¿Cuál es mejor? Ninguna y las dos.
La oriental es brutalmente eficiente, pero genera fricción cultural fuerte. La occidental es más humana, pero a veces se relaja de más.
El aprendizaje más importante de esa experiencia, sin embargo, no fue cultural. Cuando Natalia llegó a TikTok, no escogió a su equipo, se lo asignaron. Y tuvo que liderar a personas que no conocía, vendiendo un producto que casi nadie conocía, en un mercado que apenas se estaba formando.
Fue su reto más grande como líder.
Por qué el equipo importa más que la estrategia
Hay una frase que Natalia repite varias veces durante la entrevista y vale la pena dejarla por escrito:
“Yo sola no hubiera llegado a donde estoy.”
Para alguien tan orientada a resultados, esa declaración pesa. Lo que ella ha aprendido a hacer es algo que muchos líderes dicen pero pocos practican y es encontrar lo que cada persona del equipo hace mejor que nadie y ponerla a hacer exactamente eso.
No es buscar perfiles completos, sino saber que hay gente que ejecuta brutalmente bien, gente que diseña, gente que vende, gente que cierra. Y que tu trabajo como líder es saber dónde poner a cada quién.
Cuando una persona encuentra eso que hace mejor que nadie, dice ella, no solo se siente valorada, se siente satisfecha consigo misma y ese es el combustible que hace que un equipo entregue resultados sostenibles.
La guerra que viene entre Google, Meta y TikTok
Le pregunté a Natalia por la pelea de fondo en el mundo digital y su respuesta fue contundente. Dice que Google sigue siendo el más fuerte por estructura, por capacidad y por la profundidad del producto, pero no cree que vaya a seguir siéndolo por siempre.
¿La razón? Los chinos.
Natalia describe lo que está pasando como una colonización silenciosa. TikTok en redes sociales, BYD en carros, Huawei y Oppo en celulares; pero ByteDance, la matriz de TikTok, no es una empresa, es un holding gigantesco con sistema operativo propio (Lark) y un algoritmo de inteligencia artificial que incluso vende a terceros.
Y mientras Google se tomó más tiempo del que debía en sacar Gemini, otros aprovecharon. Por eso, su conclusión es que el juego va a seguir siendo entre Google, Meta y TikTok, pero el orden de la silla va a cambiar.
Lo que piensa una gerente general de la inteligencia artificial
Le cuento algo que en el Marketing AI Conference, Sam Altman había dicho: el 95 % de los cargos de mercadeo iban a desaparecer.
La reacción de Natalia fue tranquila, no defensiva. Dijo que ese número le sonaba dramático y, probablemente, lo es. Pero la pregunta no es si va a pasar, sino qué vas a hacer tú al respecto.
Ella misma usa ChatGPT a diario para corregir ortografía, revisar contratos, responderle a abogados. Cuenta una anécdota concreta cuando usó ChatGPT para cancelar un contrato con una plataforma que se negaba a dejarla salir. Le redactó argumentos legales basados en las leyes de Nueva York y la plataforma terminó cediendo y la solución fue pagar un mes y cancelar.
Su lectura del momento es simple, dice que la IA no va a desaparecer cargos; lo que sí va a lograr es desaparecer formas de trabajar. El cargo que se llamaba “marketing” probablemente va a empezar a llamarse “growth”, “innovation” o cualquier otra cosa.
Lo que no va a cambiar es la necesidad de gente que sepa interpretar datos, porque la máquina los procesa, pero la interpretación todavía es humana.
Lo que duele cuando uno crece laboralmente
Hay una frase que Natalia recuerda de uno de sus jefes en Discovery, hace muchos años: “Cada vez que tú creces, un eslabón más, vas quedándote más sola.” Y es cierto.
Cuando uno sube en una organización, los amigos del trabajo se reducen. Ya no puedes almorzar con el equipo comercial como cuando eras ejecutiva o ser amiga del que reportaba contigo, porque ahora, te reporta. El círculo se estrecha.
Eso, dice ella, nadie te lo cuenta cuando entras al mundo corporativo, pero es parte del precio.
La paz como objetivo final al final de una carrera profesional exitosa
Natalia se separó hace diez años, después de un matrimonio que duró otros diez. Aprendió a estar sola, a salir con uno y con otro, y darse cuenta de que ese no era el plan. Y hoy, con su pareja actual, dice tener paz.
No emoción permanente, no drama: paz.
Y cuando, le pregunto qué le recomendaría a alguien que está buscando una relación, su respuesta fue la mejor de toda la conversación: busca a alguien que te acepte como eres y que no te quiera cambiar.
Porque la paz, al final, te la quitan las personas que te quieren cambiar.
Ya para cerrar, lo que nos dejó esta conversación con Natalia es que el éxito profesional no se construye solo con ambición y planes de Excel sino con la disposición a intentarlo todas las veces, a soltar lo que no funciona, a aprender de los errores que casi nadie quiere contar y a rodearse de personas que te suman.
Y, al final, con la lucidez de saber que la meta no es tenerlo todo sino estar en paz con lo que tienes.
Eso no lo enseña ninguna carrera, solo la vida y conversaciones como esta.
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